Eres la convinación de sentimientos y emociones que abundan en éste corazón de luto.
Gruñen las entrañas por el alimento de tus labios, la ración diaria sin medida que me deja tan desvanecida.
¡Qué mandera de clamarte entre mis palabras durante silencio nauseabundo!.
¡Qué mandera de clamarte entre mis palabras durante silencio nauseabundo!.
En los mundos alternos te presentas, no vagas ni deamulas ya que muerto no sois de burlas, pero lloran por los corredizos mis recuerdos sumisos. No sé si vengais a decir que volvisteis por mí, aunque de así de serlo ten la certeza que mi corazón es inmenso.
Quererte a mi lado es el deseo más venerado.
Se ha tornado una caza la búsqueda de tus olores, sois la presa perfecta, el espécimen raro, lo extinto de razas a gusto.
Ciertamente no hay escrito que entienda al corazón sin riendas, al camino desaparecido; a la abolición de mis sentidos.
Querido mío -si haz de aún serlo-, el tiempo no ha variado lo que gritan estos parrafos. Un beso tuyo como siempre será la cura de cualquier duda, nuestras manos enlazadas no dejarán miedos por delante ni tristezas de por medio de ataduras.
Yo te quiero, aunque los años y la vida corran el peligro de la extinción de todos los tiempos.
-Encontrada en un baúl de riendas sueltas-
-Encontrada en un baúl de riendas sueltas-
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